El drama de la calvicie femenina

En 2008 había estado tomando una medicina muy fuerte con receta para el acné.
Por desgracia, uno de los efectos secundarios de los comprimidos era la pérdida de cabello.
Terminé con una gran calva en la parte posterior y un montón de pequeñas zonas sin pelo en la parte superior y alrededor de la frente.
Fui a ver a varios especialistas y probé una serie de diferentes champús, cremas y aerosoles, pero nada funcionó.
Y como estaba tan avergonzada y acomplejada por mi pelo, empecé a tirar de él, lo cual sólo empeoró la situación pero, curiosamente, me hizo sentir mejor.
En septiembre del año pasado fui a una empresa en Belfast, Irlanda del Norte, para que me pusieran extensiones de pelo especiales, lo que impedía que me arrancara el cabello y permitió que me creciera.
En una cita de mantenimiento regular para que me las ajustaran, me dijeron que no era necesario que las siguiera usando.
Habían pasado exactamente seis meses desde que me las habían puesto y, para ser honesta, habían llegado a ser algo que me daba seguridad y protección.
No estaba segura de lo que sentía ante la idea de que me las quitaran. Estaba feliz, asustada y muy emocionada, todo al mismo tiempo.
Una vez que me lavaron y secaron el pelo, no podía creer la diferencia. Me di cuenta de que en ese momento que no tenía absolutamente ninguna razón para tener miedo.
Mi cabello había vuelto a crecer y estaba más fuerte y grueso que nunca.
Al día siguiente fui a mi peluquero, quien me hizo algunas mechas más claras y me cortó el pelo como antes de que comenzaran los problemas.

Champús, aerosoles y cremas

Claire Millar
Millar con las extensiones que le devolvieron la confianza y autoestima.
Había luchado contra la pérdida del cabello durante casi cuatro años, y después de usar numerosos champús, aerosoles y cremas y tomar diferentes pastillas de hierbas, sólo encontré la solución en septiembre de 2012.
Buscando en internet encontré con una empresa privada que se ocupa de la pérdida de cabello: desde mujeres que están completamente calvas, a mujeres que, como yo, tienen problemas menos graves.
Hice una cita, fui a la clínica y pasé diez horas tratando de conseguir las mejores extensiones cosidas a mano. Salí de allí con el cabello hasta los hombros, como lo había buscado desde 2008.
No me di cuenta de lo deprimida que estaba hasta que me pusieron las extensiones.

Calva

Los problemas comenzaron en 2008, cuando terminé un tratamiento con un medicamento muy fuerte recetado para el acné.
Una noche, mientras veía la tele, mis padres se dieron cuenta de que tenía una zona de calvicie en la parte posterior de la cabeza.
Claire Millar
El pelo de Millar ha vuelto a crecer, más fuerte y sano que antes.
Cuando me lo dijeron y me la enseñaron, estaba absolutamente devastada.
Al principio pensamos que era alopecia, y tuve miedo de que podría perder más, incluso todo el pelo. Sin embargo, tras una investigación, descubrimos que era un efecto secundario de las pastillas que había estado tomando.
En ese momento, mi pelo estaba a la altura de los hombros, y tuve que cortármelo para tratar de disimular la calvicie tanto como fuera posible. Me avergoncé y me sentí como si hubiera perdido toda mi femineidad.
Me deprimí e incluso llegué a una etapa en la que algunos días me costó salir de la cama e ir a trabajar, pero no le dije a nadie lo que estaba sintiendo.
Como estaba tan apenada, con el tiempo empecé a arrancarme el pelo de manera regular, ya que curiosamente, fue lo único que me hizo sentir mejor.
Finalmente descubrí que se trataba de una condición psicológica que entra en la misma categoría de manías como morderse las uñas.

Dificultad para hablar

El precio de la que fue mi solución, las extensiones, varía de US$1.200 hasta US$2.500 dependiendo de la cantidad que se necesite.
Después de eso, se pagan unos US$90 cada seis u ocho semanas por el mantenimiento.
Es algo difícil hablar de ello y hacerlo es un paso muy difícil de dar.
Tengo que admitir que estaba preocupada por la posibilidad de que las extensiones se vieran falsas o porque la gente pensara que estaba usando una peluca.
Mientras me las quitaban, tenía miedo de que mi pelo no hubiera crecido lo suficiente y que empezara a arrancarlo otra vez, pero los resultados son absolutamente increíbles y todos los sentimientos que me hicieron tirar de él ya se han ido.
Desde mi experiencia personal, vale realmente la pena dar un vistazo a las opciones y buscar una solución al problema.
 
Fuente: BBC MUNDO

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