El árbol de la vida

Las biournas son una nueva forma de preservar la memoria de un ser querido. Se trata de verter sus cenizas en una maceta biodegradable, la cual contiene una semilla que llegará a ser un árbol. La idea final es convertir a los cementerios en bosques.

Presentación.  Esta es la maceta que la marca Bio Urna vende al mercado.
Presentación. Esta es la maceta que la marca Bio Urna vende al mercado.

En los últimos años la conciencia ecológica ha crecido en el mundo y en la actualidad abarca todos los ámbitos de la vida. Mucho se habla de vivir sin contaminar, pero pocos son los que piensan en lo que viene después de la vida. 
¿Cómo preservar a un ser querido sin dañar el ecosistema? Luego de hacerse esta pregunta, el catalán Gerard Moliné diseñó y creó la biourna: una maceta biodegradable donde se depositan los restos incinerados de un ser querido y una semilla. Al enterrar la biourna bajo tierra, la semilla germina en un árbol. 
De esta manera la muerte se puede convertir en un retorno a la vida y además significa un inmenso ahorro, en cuanto a dinero y contaminación. Gerard ideó esta genialidad en 1997, pero tuvieron que pasar cinco años para que su producto fuera reconocido mundialmente. La fama le llegó luego de ganar el concurso de la Asociación Española de Diseño Industrial. Hoy en día cuenta con más de quince mil usuarios en todo el mundo y distribuidores en Europa y Estados Unidos.  
¿Cómo funciona?
Se trata de una maceta fabricada con materiales biodegradables: cáscara de coco, abono orgánico y celulosa (membrana celular de hongos y vegetales). Por dentro, la estructura de la biourna está dividida en dos capas: en la base se colocan las cenizas (ya sea las de un animal o una persona) y en la parte superior las semillas. De esta manera, estas germinan separadas de las cenizas. Se puede utilizar cualquier tipo de semilla, aunque los expertos recomiendan fresno, roble, arce y pino por ser más accesibles económicamente y fáciles de cuidar. 
Además, en este proceso los restos incinerados de una persona son de gran ayuda para la fertilización porque son una potente fuente de fósforo que ayudará a nutrir el futuro árbol.
Cuando ya se eligió el lugar donde se enterrará la urna, se tienen que mezclar sus componentes con un poco de tierra de ese suelo. Luego se coloca la maceta a cinco centímetros de la superficie terrestre y se vuelve a tapar el agujero con tierra. Al cabo de un par de meses, la urna empezará a biodegradarse y las raíces serán lo suficientemente fuertes para entrar en contacto con las cenizas. De esta manera, el conjunto se convertirá en una sola cosa. 
Una maceta como esta necesita el mismo cuidado que una planta  común y corriente: agua, luz solar y una temperatura ambiente. La biourna no tiene fecha de caducidad y se puede conservar indefinidamente en un lugar fresco hasta que sea utilizada. 
ENTIERROS NATURALES
Enterrar a una persona en un ataúd es lo más común en nuestra sociedad, pero definitivamente es lo menos ecológico y económico. Según la organización estadounidense 'Consejo de Entierro Verde', se estima que en su país anualmente son utilizados dos millones de metros cúbicos de madera y tres mil kilos de cobre y bronce para fabricar ataúdes. Ante ello, la biourna parece ser la opción más ecológica del mercado, ya que además reduce las emisiones de carbono en un cincuenta por ciento. 
Este concepto está ganando popularidad en todo el mundo, la organización fundada por Moliné ya tiene contabilizados a más de trescientos proveedores funerarios ecológicos en Estados Unidos (en el 2008 sólo había una docena). Ahora ya no se hacen entierros, sino eco funerales.   
En el Perú aún no hay ningún cementerio ni empresa que brinde este servicio, pero la biourna es una marca registrada que, a través de su página web, hace envíos a todos los países del mundo. Además, es el proveedor oficial de este producto en los cinco continentes. El precio de envío de la urna ecológica varía entre los 75 y 100 dólares, dependiendo de la zona en la que el usuario se encuentre. El paquete incluye una maceta y cinco semillas que el cliente puede elegir. Gerard Moliné, el creador de la biourna, declaró recientemente a Discovery News que ya tiene planeado el lugar donde quiere ser enterrado. Eligió un bosque en el País Vasco, en España, y cómo no, en una biourna. 

Esta se convierte en una idea que fomenta cada vez más el uso de materiales reciclados y biodegradables para cuidar el medio ambiente, seamos seres vivos o muertos. Es el inicio de un futuro donde los cementerios se convertirán en bosques. Donde el dicho “hay vida después de la muerte” cobrará mayor significado.

Fuente: La Republica

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