Sybil, el caso que derribó el mito de la personalidad múltiple

Un nuevo libro revela cómo una paciente, una siquiatra y una periodista dieron origen a una historia tan famosa que incluso llegó al cine y marcó el estudio de los trastornos mentales. Hoy se discute si este cuadro será eliminado de la "biblia" de las enfermedades siquiátricas.


EN 1973 una historia impactó al mundo y cambió para siempre los finales de muchas películas de terror y novelas de suspenso: en mayo de ese año se publicó en EE.UU. el libro Sybil, que detallaba el primer caso documentado y curado de desorden de personalidad múltiple de la historia.
Un caso que se volvería aún más famoso en 1976, cuando el director Daniel Petrie lo llevó al cine con la actriz Sally Field interpretando a la joven Sybil Dorsett, que llegó a desarrollar 16 personalidades diferentes.
Pero, ¿qué tal si todo hubiera sido una mentira? ¿Una tan bien urdida que, incluso quienes la idearon, terminaron creyéndola? Esa es la revelación que la periodista Debbie Nathan hace en su libro Sybil expuesta, que apareció recién esta semana en EE.UU. y que se basa en documentos recolectados por la autora en el John Hay College de Justicia Criminal de Nueva York. La polémica que está generando no es sólo por revivir el impacto que causó la historia en los 70', sino por el detalle del escandaloso engaño sobre el que fue montada. La discusión llega a tal punto que, incluso, se plantea la posible remoción de la personalidad múltiple en la próxima edición de la "biblia" de la siquiatría, que regula qué es una enfermedad y qué no, el Manual de Diagnóstico y Estadística de Desórdenes Mentales (DSM) V, que será publicado en 2013.
Volvamos al principio. Todo comenzó con unos padres estrictos y una niñez muy extraña. Shirley Mason (el verdadero nombre de Sybil) nació en 1925 y nunca pudo pintar con lápices de colores ni escribir las historias que imaginaba y tanto la entretenían. Inventar era pecado, pintar un conejo verde era pecado, cantar también lo era.
Básicamente, para su familia, fuertemente inmersa en el credo Adventista del Séptimo Día, todo provenía del infierno. Fue esa visión de demonios y castigos la que fomentó la extrema ansiedad de Mason, que ya a los ocho o nueve años presentaba síntomas poco usuales, que se agravaron cuando estaba en sexto básico y que alcanzaron trazos claros de trastorno en sus primeros años de universidad.
A esa altura de su vida, ya no la dejaban tranquila los constantes resfríos, el bizqueo de sus ojos, el insomnio crónico y los fuertes dolores menstruales cada mes. Tras ver a muchos especialistas, Shirley llegó a la siquiatra Cornelia Wilbur en 1945, a quien sólo alcanzó a ver cinco veces, una por mes.
Pero se prendó de ella y de la atención que le daba. Aun sin saberlo entonces, cuando debieron separarse debido a una mudanza de Wilbur, sus caminos estarían unidos para siempre.
En 1954, ambas volvieron a contactarse en Nueva York. Muchas cosas habían cambiado: Wilbur se había dedicado completamente al sicoanálisis y varios años atrás había comenzado a experimentar con electroshock y metrazol (un derivado del alcanfor usado para tratar las convulsiones) para curar la histeria de sus pacientes, una patología que llamaba poderosamente su atención.
Mason, por su parte, se había graduado como profesora de la U. de Columbia y ya trabajaba dictando clases de arte a pacientes en centros de reclusión mental. Shirley había conseguido controlar sus accesos nerviosos con el poder de su mente, y una ocasional pastilla para dormir era todo lo que necesitaba para sortear el día a día.
Los síntomas de su adolescencia aparecían de tanto en tanto, pero ahora estaba salvada: sólo algunas sesiones más con su adorada Connie Wilbur la curarían por completo.
Diagnóstico irresistible
En 1954 se había realizado en Los Angeles el Congreso Anual de la Asociación de Siquiatría Americana, particularmente interesante por la presentación de Eva, una paciente que, según su médico tratante, podía desarrollar tres personalidades diferentes. Al boom médico seguiría el mediático: cuatro años después se publicaría el libro Las tres caras de Eva, que rápidamente se convertiría en un best-seller.
La doctora Wilbur estaba obsesionada con esta idea en la época en que se reencontró con Shirley, a quien le recetó un cóctel de pastillas que incluían seconal, demerol, edrisal y daprisal, estos últimos prohibidos en la actualidad. Eso era todo lo que podía hacer por ella. Pero un día Shirley, quien había desarrollado un apego enfermizo hacia su doctora, al punto de querer abandonar su maestría en arte para dedicarse a la siquiatría, igual que Wilbur, llegó con un nuevo síntoma. Le contó a su doctora de los "vacíos" que enfrentaba a veces, que la hacían aparecer en un lugar o incluso una ciudad distinta sin tener ningún recuerdo de cómo había llegado allí.
Wilbur quedó fascinada con estos síntomas, que consideró como una manifestación de "estados de fuga". Sólo 10 días después, Shirley golpeó a su puerta luciendo un aspecto un poco diferente del ordenado y pulcro que la caracterizaba. "No soy Shirley", le dijo a Wilbur. "Soy Peggy".
Durante los siguientes dos años, no sólo estarían Shirley y Peggy en el mismo cuerpo, sino que llegarían Vicky, Mike, Mary, Shirley Ann y Clara, que tomaban posesión del cuerpo de la primera en el momento menos pensado. Wilbur no cabía en sí de la satisfacción de haber dado con tan raro caso de personalidad múltiple, que con seguridad la lanzaría a la fama.
Pero estos síntomas no tenían nada de raro. Shirley estaba todo el tiempo drogada con dosis casi letales de pentotal, entonces conocido como el "suero de la verdad", que con los años se ha probado que es un fuerte alucinógeno, y diferentes barbitúricos, que Wilbur inyectaba a su paciente para lograr los recuerdos falsos y las declaraciones, que incluían abusos inenarrables de parte de su madre en la infancia, de los cuales nunca se tuvo una prueba concreta. A Wilbur no le importaba: ya tenía su caso y comenzó a comentarlo con otros especialistas.
Pero a fines de 1958, Shirley llegó a la oficina de Cornelia con una carta. En ella le explicaba que "nunca había padecido de ninguna de las cosas que había pretendido tener". "No tengo múltiples personalidades, ni siquiera tengo un doble. Esencialmente, he mentido", decía. Nadie había abusado de ella. Shirley dejaba muy claro que había fingido para captar la atención de su doctora, sin la cual no podía vivir. Wilbur tenía otra opinión: la negación del abuso era, precisamente, una señal del abuso, que su paciente trataba de esconder ahora que creía estar mejorando. Más pentotal era necesario, y ya para ese tiempo, Shirley pasó a depender completamente de Cornelia, quien pagaba su departamento y le daba una mensualidad para sus gastos. La aparición de más personalidades era cuestión de tiempo.
En 1963, Wilbur conoció a Flora Rheta Schreiber, periodista especializada en temas de sicología y que publicó un artículo sobre un libro de homosexualidad de Wilbur. A falta de un "gancho" atractivo para su historia, Schreiber había falseado la mayor parte de las características de su personaje principal, uno de los pacientes "curados" de homosexualidad de Wilbur. La doctora quedó encantada con este estilo y le ofreció trabajar juntas en un libro sobre Shirley. "No sin un final feliz", le exigió la periodista, lo que significaba que Shirley debía curarse para que la historia fuera atractiva.
Y así se lo planteó Wilbur a Mason un día de 1965: "Debes mejorarte". Shirley, angustiada, comenzó a tomar más antidepresivos, hasta que sufrió una sobredosis, de la que despertó completamente curada. Nunca más sus personalidades volvieron a disociarse. El 22 de mayo de 1973 el libro salió a la venta en Estados Unidos.
En busca de un nuevo diagnóstico
Antes de la divulgación de esta historia, en los 70, sólo se habían reportado unos 200 casos de personalidad múltiple en el mundo. Pocos años después, el número subió a 44 mil. Fue por ese aumento explosivo que la enfermedad comenzó a ser cuestionada por siquiatras de todo el mundo, que sostenían que no había pruebas suficientes para este diagnóstico.
Para evitarse las molestias, en la cuarta versión del DSM (de 1994) se le cambió el nombre a la personalidad múltiple, transformándola en el "desorden de identidad disociada". Y a pesar de que el libro de Debbie Nathan es la primera prueba clara de que este caso fue un fraude, las evidencias cotidianas de cada consulta ya habían hecho lo suyo. Sólo entre 1993 y 1998, las principales organizaciones que estudiaban el desorden perdieron a cerca de la mitad de sus adeptos. En 1998 -el mismo año en que murió Mason y pocos años después del fallecimiento de Wilbur y Schrieber- la revista científica Disociación, dedicada al tema, cesó su publicación y varias unidades médicas que lo estudiaban en Canadá y EE.UU. cerraron.
Sin embargo, pese al cuestionamiento, uno de sus más grandes críticos, el doctor Numan Gharaibeh, dice a La Tercera que "desafortunadamente, es muy probable que el desorden de identidad disociada se incluya como diagnóstico en el DSM-V". El especialista
-que ha emprendido una cruzada mundial para sacar el supuesto trastorno del manual- agrega que su inclusión no tiene nada que ver con la ciencia: "Esto está influenciado por intereses políticos y agendas especiales, lo que hace que quienes desarrollan el manual enfrenten mucha presión desde diferentes frentes".


Fuente: ( la tercera )


3 comentarios:

donde esta la verdad??, es tan relativa como multiple/

Miremos con perspectiva...La vida de un neonato, ?que remedio le toca¿, pues copiar patrones de conducta para desenvolverse en un campo que no conoce. Y si esa necesidad no tiene asiento en nadie, a lo largo de su vida de busqueda de su integridad se encontrará con personalidades o movimientos a los que idealizará o quizas copie en un autoengaño paulatino por autocomvencerse de que "YO SOY, YO SE, YO VALGO...YO SOY BUENO/NA Y SOY ADMITIDO POR EL MUNDO Y MI ANGUSTIA DESAPARECE"...
Ese es el punto creo yo origen y por tanto un solo fenomeno psicologico...LA NECESIDAD DE RECORDAR MI VERDADERA IDENTIDAD EN UN MUNDO CAMBIANTE, DESORIENTADOR, INSEGURO Y FINALMENTE FALSO EXTERNAMENTE, donde los años bien aprobechados te hacen comprender los verdaderos valores escondidos tras cada disfraz y dolor.
Solo buscamos ser felices y nos engañamos desconociendo el fundamento de nuestra naturaleza y funcionamiento. En dos palabras: Busacamos nuestro Sitio en este Universo y cada uno lo busca como cree mejor. Unos apoderando y otros colaborando.

Saludos.
LMTM

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