Así podría ser el trío planetario recién descubierto


Un sugerente trío de planetas del tamaño de la Tierra órbita una estrella pequeña y tenue relativamente próxima a nosotros, y cada mundo está dentro o cerca de la región donde la luz de la estrella podría soportar los susurros y suspiros de la vida extraterrestre.
Pero no empieces a imaginar planetas parecidos a la Tierra, porque aunque todavía no sabemos mucho de sus características, los tres mundos se encuentran en ambientes muy distintos al de nuestro hogar.
No obstante, es la primera vez que se detectan tres mundos como esos alrededor de una estrella enana ultrafría, y el descubrimiento es un buen augurio para los cazadores de planetas que escudriñan la galaxia en busca de planetas pequeños y rocosos.
“Lo que se ha revelado es una población planetaria completamente nueva, y bien podría dominar el número total de planetas en la Vía Láctea –dice Michaël Gillon, de la Universidad de Lieja, Bélgica-. Esto indica que la formación de planetas del tamaño de la Tierra alrededor de objetos estelares que tienden a ser ignorados –los cuales son mucho más frecuentes en la galaxia que las estrellas semejantes al sol- es muy eficiente”.
Como informaron el 4 de mayo en Nature, los científicos encontraron el sistema con el Telescopio Pequeño para Planetas y Planetesimales en Tránsito o TRAPPIST, instrumento robótico instalado en Chile que busca planetas alrededor de las 60 estrellas enanas ultrafrías más brillantes.
La estrella huésped del nuevo trío, llamada TRAPPIST-1, es apenas un poquitín más grande que Júpiter, y tan fría que casi toda la luz que emite es infrarroja. De modo que si apareciera vida alienígena en alguno de los tres planetas conocidos de la estrella, los paisajes contrastarían mucho con nuestro mundo verde.
En la tierra, la fotosíntesis utiliza pigmentos como la clorofila, que absorbe luz azul y roja, y aparece verde al ojo humano. Pero en los planetas TRAPPIST-1, la química basada en la luz visible sería muy ineficaz, dice Gillon.
“Por ello, es a priori probable que la evolución favorecería el desarrollo de pigmentos fotosintéticos sensibles a la luz infrarroja”, explica. Es decir, las plantas alienígenas absorberían la luz infrarroja y pequeñas cantidades de la luz roja que emite la estrella, de suerte que parecerían bastante oscuras y hasta negras al ojo humano.
“Por supuesto, para los seres locales con visión infrarroja, las plantas tendrían algunos colores y lucirían mucho más bonitas”, agrega Gillon.
Circuito de carreras planetario
A solo 40 años luz de distancia, el sistema está lo bastante cerca para poder estudiar sus características en un futuro muy próximo. Y los científicos están deseosos de empezar, porque pocas veces el cosmos no nos ofrece un puñado de planetas del tamaño de la Tierra tan cerca de nuestro vecindario.
Dos de los mundos, TRAPPIST-1b y TRAPPIST-1c, están demasiado cerca de su estrella para orbitar dentro de la zona habitable, la región donde la superficie del planeta podría tener agua líquida de manera estable.
Un año en TRAPPIST-1b transcurre en apenas 1.5 días terrestres. Y con una duración de 2.4 días terrestres, podríamos decir que un año en TRAPPIST-1c es discretamente más pausado. Como ambos están tan apretujados contra su estrella, probablemente orbitan a la misma velocidad, con una cara orientada siempre hacia la estrella huésped. Y eso significa que los hemisferios iluminados continuamente tal vez estén demasiado tostados para que la vida se desarrolle con comodidad.
 


La estrella TRAPPIST-1 (derecha) es sólo un poco más grande que Júpiter y muy pequeña comparada con nuestro Sol. (Ilustración: ESO

Por otra parte, es posible que el lado oscuro de los planetas también sea inhóspito, aunque podría haber una región entre los dos extremos que fuera idónea para la vida.
El tercer planeta, TRAPPIST-1d, es el que más intriga a los científicos. Su órbita no se ha establecido definitivamente, y un año allí podría durar entre 4.5 días y casi 73 días terrestres.
Con base en las observaciones del equipo, hay una buena posibilidad de que este planeta se encuentre justo en el lugar donde puede florecer la vida. De lo contrario, tal vez se trate de un mundo congelado, pero donde podría haber hornos metabólicos funcionando sin cesar en un subsuelo más templado.
Hielo y aire
TRAPPIST encontró los tres mundos al notar que, cuando los planetas pasaban entre la estrella y la Tierra, atenuaban brevemente la luz de la TRAPPIST-1. Con base en la sincronización y amplitud de los parpadeos intermitentes, el equipo logró determinar sus tamaños y órbitas.
No obstante, este método de cacería planetaria no nos dice todo sobre el sistema, incluyendo cuán masivos son los planetas. Y sin esa medición, es muy difícil saber de qué están compuestos los tres mundos.
Por ahora, el equipo sospecha que los mundos son sólidos y posiblemente helados, quizás un híbrido entre la Tierra y las lunas de hielo del sistema solar exterior, como Europa y Encélado.
“No tenemos planetas así en nuestro sistema solar, de modo que será realmente interesante averiguar cómo son esos mundos –dice Lisa Kaltenegger, de la Universidad de Cornell, quien no participó en el estudio-. ¿Acaso la vida podría prosperar bajo la superficie de un mundo congelado? ¿O pudo haber surgido allí, por principio de cuentas? Esas son interrogantes abiertas que hacen que nuestra búsqueda en general sea muy interesante”.
Como el sistema está tan cerca, quizás muy pronto podamos reunir más pistas, tal vez midiendo las atmósferas de los planetas. Eso, nada más, podría decirnos mucho sobre sus posibilidades de sostener la vida.
Los astrónomos ya han dirigido el ojo infrarrojo del Telescopio Espacial Spitzer hacia TRAPPIST-1, y esta semana, los científicos pretenden poner el sistema en la mira del Telescopio Espacial Hubble, para observar de cerca las atmósferas de los dos planetas interiores.
En la próxima década, conforme las herramientas para escrutar el cosmos se vuelvan más poderosas, los científicos incluso podrían revisar los mundos para buscar las firmas de moléculas asociadas con la vida, como ozono, oxígeno, dióxido de carbono, y metano.
“Lo importante será determinar cuán abundantes son en las condiciones presentes en esas atmósferas –dice el coautor del estudio, Julien de Wit, de MIT-. Por ejemplo, [el oxígeno molecular] de la Tierra está presente en una fracción extremadamente alta; mayor de lo que permitiría un equilibrio químico”.
Si hay alienígenas observando la Tierra, esa abundancia de oxígeno atmosférico les daría una pista de nuestra existencia. Por ello, de Wit tiene un consejo para quienes esperan hallar vida en otras partes del cosmos: “Buscar ese desequilibrio químico es el camino a seguir”.
   Fuente: National Geografhic 

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