lunes, 14 de marzo de 2011

Reducir calentamiento global ayudaría a disminuir obesidad del mundo

Esto combatiría enfermedades como depresión, problemas cardiacos y respiratorios, entre otras.

 

 

 

Mitigar el cambio climático ofrece oportunidades incomparables para mejorar la salud y el bienestar del ser humano. En efecto, las políticas de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero pueden traer consigo una disminución significativa de las enfermedades cardiacas y respiratorias, el cáncer, la obesidad, la diabetes, la depresión y las muertes y lesiones por accidentes automovilísticos.

Estos beneficios para la salud surgen porque la política ambiental afecta necesariamente a dos de los principales determinantes de la salud humana: la nutrición y el movimiento. Aunque los profesionales de la salud reconocen cada vez más los beneficios de las políticas que abordan el cambio climático, los encargados del diseño de políticas no los valoran tan ampliamente. La existencia de estos beneficios para la salud supone una reducción radical de los costos netos de emprender acciones para mitigar el cambio climático, lo que significa que el no comprender su importancia podría tener graves consecuencias ambientales (Solo el 58 por ciento en EE. UU. cree en el cambio climático).

Los múltiples beneficios para la salud derivados de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero han quedado documentados en investigaciones recientes. Para cumplir con las metas de reducción de emisiones en el sector de los transportes se necesitaría, además de reducir el uso del automóvil, aumentar ligeramente las caminatas y el uso de la bicicleta. Sobre la base de evidencias epidemiológicas que vinculan la actividad física con la salud, el aumento resultante de esa actividad reduciría, en gran medida, las tasas de enfermedad crónica: entre el 10 por ciento y el 20 por ciento en el caso de las enfermedades cardiacas y los derrames cerebrales, entre el 12 por ciento y el 18 por ciento en el del cáncer de mama y el 8 por ciento en el de la demencia senil.

El transporte sostenible también mejoraría nuestra salud mental, pues se calcula que habría un 6 por ciento menos de casos de depresión. Habría beneficios adicionales para la salud mental con más espacios verdes, menos contaminación de ruido y una mejor condición física (Aún hay esperanzas en materia de cambio climático, asegura un experto).

La reducción de la producción de ganado a fin de rebajar las emisiones de metano procedentes de los animales y la deforestación -factores que contribuyen significativamente al cambio climático- también mejoraría la salud. Menos ganado significaría menos productos animales en nuestra dieta, lo que reduciría nuestro consumo de grasas saturadas nocivas y conduciría a una reducción del 30 por ciento las enfermedades cardiacas. Reducir el consumo de carne también debería reducir las tasas de cáncer colorrectal -el segundo tipo de cáncer más común entre los hombres después del cáncer de pulmón-.

Al mejorar la dieta y elevar los niveles de actividad física, las políticas orientadas a mitigar el cambio climático conducirían a grandes reducciones de las tasas de enfermedades que producen muertes prematuras e incapacidad en cientos de millones de personas en todo el mundo. También se reduciría la gordura de la población. Más de mil millones de adultos tienen sobrepeso y 300 millones son obesos, incluyendo a una tercera parte de la población estadounidense. Además, científicos del gobierno británico predicen que el Reino Unido "será una sociedad predominantemente obesa" para el 2050.


De hecho, si se mantienen las tendencias actuales, para el 2050, nueve de cada 10 adultos del mundo tendrán sobrepeso o serán obesos. En los países de ingresos medios, el índice de masa corporal está aumentando de manera constante. Esto tendrá un impacto grave en la salud y el bienestar, y aumentará el riesgo de diabetes, enfermedades cardiacas, derrames cerebrales y cáncer.

Los países en desarrollo también están en peligro. A México solo lo supera Estados Unidos en prevalencia de la obesidad. El aumento de la diabetes, como consecuencia de una población que engorda, está provocando una epidemia de enfermedades renales en un país en el que solo una de cada cuatro personas puede recibir tratamiento.

La experiencia de Cuba en los años noventa confirma los efectos sobre la salud de reducir el consumo de combustibles fósiles. Durante la crisis de energía cubana luego de la interrupción de los insumos soviéticos subsidiados, la proporción de adultos que hacían actividades físicas aumentó en más del doble. El índice de masa corporal promedio de la población disminuyó 1,5 unidades, con lo que la prevalencia de la obesidad cayó a la mitad: del 14 por ciento al 7 por ciento. Las muertes por diabetes se redujeron 51 por ciento, por enfermedades cardiacas, 35 por ciento y por derrames cerebrales, 20 por ciento.

Además, en un mundo en el que se recurra menos al carbono habría menos hambre. En abril del 2008, Evo Morales, el presidente de la pobre y hambrienta Bolivia, hizo un llamado por "la vida primero, los autos segundos" y exhortó al mundo rico a que dejara de quemar alimentos cada vez que manejaban sus autos -una referencia a las políticas de los gobiernos occidentales sobre los biocombustibles-  (El cambio climático, un proceso lento que amenaza a la Tierra).

Sin embargo, el uso del automóvil y los precios de los alimentos ya estaban vinculados mucho antes de las políticas sobre los biocombustibles. El uso del automóvil hace que aumenten los precios de los alimentos, porque el petróleo es un insumo clave para la agricultura. Reducir el uso del petróleo en el sector de los transportes es esencial para evitar la hambruna en los países pobres. Mientras que la agricultura no se libere de la dependencia del petróleo, habrá una competencia para llenar los tanques de gasolina en los países ricos y los estómagos en los pobres. Comer menos productos animales también reduciría los precios de los alimentos, porque el ganado se alimenta a base de cereales.

Otras políticas orientadas a mitigar el cambio climático también tienen efectos positivos sobre la salud. Aislar los hogares en los países de altos ingresos para conservar energía prevendría las muertes relacionadas con el frío. Igualmente, el uso de cocinas más eficientes en el consumo de combustible, en los países pobres, reduciría el número de muertes de niños (que actualmente es de un millón al año-por infecciones respiratorias, provocadas o agravadas por el uso de combustibles sólidos).

Un programa de reducción del uso del carbono en todas las principales áreas del uso de energía, junto con una reducción del consumo de productos animales, generaría beneficios sustanciales para la salud y el bienestar del ser humano. En sus debates sobre el costo de la mitigación del cambio climático, los negociadores y diseñadores de políticas no pueden pasar por alto estos beneficios.

IAN ROBERTS*PROJECT SYNDICATE
* Profesor de Epidemiología del London School of Hygiene & Tropical Medicine. Autor de 'The Energy Glut: the Politics of Fatness in an Overheating World'. 

Fuente : ( El Tiempo )

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