Pabellón ecologista a toda vela

El nuevo "Rainbow Warrior", con el que Greenpeace emprenderá sus campañas conservacionistas, puede visitarse en el Maremàgnum       



Greenpeace predicará con el ejemplo, y su nuevo barco, el Rainbow Warrior, pretende ser un modelo de navegación ecológica. De hecho, promete protagonizar batallas en alta mar más que sostenibles. Y nunca mejor dicho. Aunque sólo sean porque buscará salir a flote dejando el pabellón de la defensa ambiental bien alto.

La singular embarcación se halla atracada en el muelle Maremàgnum de Barcelona y podrá ser visitada por los barceloneses los próximos lunes y martes por la tarde y el viernes todo el día. El barco, recién botado, partirá hacia América; y seguramente lo veremos pronto protagonizando en alta mar las nuevas campañas de esta organización, que se centrarán en combatir la deforestación de la Amazonia, la extracción de carbón en Estados Unidos u otras iniciativas sorpresa contra el cambio climático.

El nuevo Guerrero del Arco Iris es un buque de factura totalmente nueva, a diferencia de los otros de Greenpeace. El Rainbow Warrior I fue hundido en 1985 por los servicios secretos franceses, que quisieron así evitar una acción de denuncia contra las pruebas nucleares en el atolón de Mururoa, en el sur del Océano Pacífico. El Rainbow Warrior II se ha transformado en un hospital flotante en Bangladesh; y el Rainbow Warrior III representa una nueva generación.

Por de pronto, el barco puede funcionar solo a vela y evitar el consumo de combustible fósil, ya que incorpora dos mástiles de 50 metros de altura, en forma de A, para sostener cinco velas artesanales. En total, la velas desplegadas alcanzan unos 1.300 metros cuadrados de superficie, lo que permite ahorrar alrededor de cuatro toneladas de combustible al día. "Es un honor para la organización mostrar en Barcelona este barco, diseñado en exclusiva para campañas medioambientales no violentas, símbolo de la independencia económica y política de Greenpeace", dice María José Caballero, responsable de las campañas de Greenpeace.

Con 56 metros de eslora y 11,30 metros de ancho, fue diseñado por un armador holandés y acabado en el astillero de Fassmer (Alemania). En casos extremos, como mala mar u otras circunstancias, el barco puede ser propulsado con un motor a diésel eléctrico, que permitirá, además, aprovechar el calor residual para calentar el agua a bordo. Las maderas de su interior están certificadas, con lo que se garantiza que no han contribuido a la deforestación. Todo ha sido diseñado para que las acciones sean más rápidas a la hora de abordar adversarios que faenen ilegalmente o para enfrentarse a balleneros japoneses. Por eso, dispone de un helipuerto y las zodiacs pueden ir al agua con más agilidad.

El barco posee una planta de tratamiento para las aguas negras de los tanques y un sistema que filtra las aguas oleosas de las sentinas, para no verter hidrocarburos al mar. La basura se selecciona y se organiza pensando en el modo de reciclado en cada puerto y, aunque la fracción orgánica se puede tirar al mar, cuenta con un gran espacio reservado, con una cámara frigorífica incluida, para guardarla si es necesario en largas travesías.

La llegada del buque a Barcelona tiene valor simbólico, y confirma que la organización ha hecho las paces con la capital catalana, después de que durante años criticara los vertidos directos al puerto (hoy eliminado). Hoy las tasas del puerto no son gravosas e, incluso, hay un profundo agradecimiento a un barcelonés ilustre, Leo Messi, que ha propiciado 20.000 dólares para sufragar el barco, al haber puesto a subasta unos regalos (una cita con él en un entrenamiento, dos entradas de tribuna y regalos de promoción) ganados por un rico islandés. El barco ha costado 22 millones, que han sido sufragados por otros mecenas y, sobre todo, con aportaciones de los socios.

Los otros Rainbows lograron que se prohibiera el vertido de residuos radiactivos al mar (1993), que se creara un santuario de ballenas en la Antártida (1994) o que se prohibiera las redes de deriva, las cortinas de la muerte (1998). Con su rearme verde ha puesto la proa contra el cambio climático, rumbo a un modelo energético más limpio, siempre a favor del viento.


Fuente: ( vanguardia )

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