¿Es un rollo el desarrollo?

La expresión 'desarrollo sostenible'nació en París en 1968, fue durante una reunión de la UNESCO. La verdad es que el término es bonito y no hay nadie que no lo mencione. Gro Harlem Brundtland, que se libró por los pelos de la masacre de Utoya, lo definió en 1987 como el derecho que se tiene, en el presente, a usar los recursos ambientales, de tal manera que se respetara el mismo derecho para las generaciones futuras.
 
Solidaridad intrageneracional y solidaridad intergeneracional. Precioso. Pero es pura cosmética retórica. La realidad es otra bien distinta y tan conocida como triste.
 
El desarrollo económico se topó con la cruda realidad que los recursos ambientales del planeta Tierra eran limitados, tenían unos ritmos de producción conocidos y unas capacidades de absorción de residuos concretas. Había una frontera infranqueable entre lo posible y lo imposible. De ahí surgió la reconversión del desarrollo económico en desarrollo económico ambientalmente sostenible. Algunas voces dijeron que había que tener en cuenta al conjunto humano de la sociedad, y con ciertos o muchos reparos se admitió su inclusión. De hecho, en la Declaración de Cocoyoc (1974), el asesor de la ONU Ignacy Sachs introdujo la palabra "ecodesarrollo", como un paso de mayor profundización a favor del desarrollo sostenible, para tener más en cuenta y de forma patente, el medio ambiente y los seres humanos. Y aunque el Presidente de México, Luis Echevarría, la presentó a los medios de comunicación. Días después, el ecodesarrollo fue vetado por el Secretario de Estado Henry Kissinger, quien reparó en la negativa influencia que ello depararía a su sistema político-económico.
 
Así que "desarrollo sostenible" siguió adelante en solitario, y fue motivo de innumerables declaraciones, cartas, manifiestos, libros, acuerdos y dictámenes para que las personas tuviesen muchos lógicos derechos en la vida.
 
Pero la realidad .... Tengo un amigo que atestigua que el Fondo Monetario Internacional está regido por vampiros, que suelen ir muy bien vestidos, y que el Banco Mundial lo dirigen zombies, que van más informales, de tal modo que como unos necesitan sangre y otros carne, han hecho que la economía y las finanzas les asegure el abastecimiento a bajos costos. Más de la mitad de los griegos están enfilados. Pero no son los únicos. Otro amigo irlandés dice que todas las Iglesias deberían ponerse de acuerdo para excomulgar a esos seres de ultratumba, que sin corazón y sin alma destruyen más vidas que las dos Guerras Mundiales. En aquella primera Cumbre de la Tierra (1992) el desarrollo sostenible permaneció siendo el eje de toda intervención y por ello 178 países firmaron la Agenda 21, que en su capítulo 28 daba a luz la famosa Agenda 21 Local.
 
Veinte años después es mejor no preguntar quién sabe lo qué es la Agenda 21 Local. Seguramente nadie, excepto dos reducidos grupos de seres, uno el de los consultores externos que en ello les fue el sueldo, y otro el de expertos y funcionarios que se entusiasmaron con la idea. La ingenuidad no se pierde con la edad, eso es evidente.
 
España es el país del mundo donde más Alcaldes se han adherido a la Agenda 21 Local, así lo demuestran las firmas de la Carta de Aalborg (1994) donde los municipios españoles eran el 44%, de un total de 46 países, y otro tanto ocurrió con el apoyo a los Compromisos de Aalborg (2004) donde la representación municipal española fue de un 51%, de un total de 33 países.
 
¿Qué pasó con aquellas firmas? Es más ¿recuerda alguien cuales eran los fundamentos de la Agenda 21 Local? Mejor no entrar en detalles, pero así está el desarrollo sostenible, que a estas alturas debería haberse reconvertido en socio-eco-sostenibilidad. Hacen falta más ediles como los de Móstoles, que se percataron que aquella visita francesa era una ocupación en toda regla. Las barrocas palabras no pudieron maquillar los hechos.
 
El próximo Junio tendrá lugar la Cumbre de la Tierra Río+20 y a la misma se llegará con el rollo del desarrollo, un blablá estéticamente perfecto, ajeno a las 20.000 personas que diariamente mueren de hambre y a otras tantas que desearían hacerlo por hastío y desesperación. Por desgracia, nadie se ha interesado realmente por implementar el capítulo 28 de la Agenda 21, donde con toda nitidez se establecen los pasos y criterios para desarrollar aquel lema de «piensa globalmente, actúa localmente».
 
La batuta sigue siendo el instrumento más importante de toda orquesta, ojalá alguien la tome sin miedo, con altura de miras y proyección de ideas, evitando que su horizonte termine en su ombligo. Hacen falta muchos Santángel en el descubrimiento de un nuevo mundo, antes de que éste se hunda irremediablemente.
 
 
Fuente: ( sur.es )

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