La eco-economía: el caso de California

Desde el crac inmobiliario de 2008, la cifra de parados en California ha sido lamentablemente alta. En julio, el paro llegó al 12%, con lo que la tasa de desempleo de California pasó a ser la segunda más alta del país, por detrás de Nevada, con un 12,9%. El panorama de la contratación es particularmente deprimente. Las empresas californianas crearon solo 4.500 puestos nuevos en julio, una pronunciada caída frente a la cifra revisada de 30.400 puestos que se crearon en junio.


Es difícil mantener encendida la llama del sueño californiano en una economía que no da oportunidades. En la historia de California ha habido sobresaltos y traspiés económicos. A mediados de la década de 1980, el estado de California estaba considerado la quinta economía del mundo. Desde entonces, la economía del estado ha ido en declive, mientras que países asiáticos, como China, han tomado el relevo en innovación. Hoy por hoy, la economía china ocupa el tercer puesto, mientras que el PIB de California en 2010―1,89 billones de euros―ocuparía el octavo puesto, por detrás de Italia con 2,11 billones de euros.
Entonces, ¿se sabrá reinventar California? Y en tal caso, ¿cómo? La respuesta es la nueva “eco-economía”, o mejor dicho, la Revolución Industrial Ecológica, una mega-tendencia social y económica que empezó en Asia y Europa en la década de 1970 con el embargo petrolero árabe, pero que se detuvo en la década de 1990 por la guerra en Kuwait, y afectó a California durante la crisis energética de fin de siglo, y que por fin está empezando a cobrar impulso en Estados Unidos con la Administración Obama.
En cualquier caso, mejor tarde que nunca, la eco-economía está empezando a rodar con ímpetu. Reconocer el poder de la industria medioambiental a la hora de crear empleo nace de la propuesta de ley del Gobernador Jerry Brown, titulada Energía Limpia, Empleo e Inversión, de 2011. Esta política duplicará la inversión de California en eficiencia energética y generación de energía renovable. Al mismo tiempo, contribuirá a la creación de miles de puestos de trabajo. Sin embargo, debe enfocarse con agudeza y creatividad.
La ley de Energía Limpia, Empleo e Inversión ampliará los programas estatales de eficiencia energética y energía renovable en funcionamiento hoy. Dicha política es un primer paso. Aumentaría el recargo que pagan los clientes de las compañías de gas, agua y electricidad de California de 1 a 2 dólares mensuales. Como ya se ha demostrado en otros países, este tipo de gobierno genera la financiación, y un necesario segundo paso para frenar las emisiones de carbono al tiempo que se siembra una revolución industrial ecológica.
La ley del gobernador sumaría unos 400 millones de dólares anuales a programas de eficiencia energética y energía renovable. La propuesta de ley, que al parecer tiene el apoyo de ambos partidos en la cámara y se espera que se apruebe a tiempo para su implementación en enero de 2012, busca estimular el empleo y dar apoyo al objetivo del estado de California de generar un tercio de la energía que necesita a partir de fuentes renovables para el 2020.
Por último, el tercer paso para establecer una economía ecológica es la supervisión y diligencia debidas. Pongamos por ejemplo la bancarrota de Fremont Solyndra: no se puede despilfarrar dinero para crear empleo. Hay que crear códigos, estándares y normas parametrizables. Eso es lo que Silicon Valley hizo para alcanzar el éxito internacional y su correspondiente reputación por una tecnología punta responsable. La eco-economía necesita parámetros similares.
Quizá Estados Unidos tenga un largo camino que recorrer para ponerse a la altura de los esfuerzos ecológicos del resto del mundo, pero en California brilla un rayito de esperanza. El sueño californiano volverá a convertirse en el sueño americano perdido, el cimiento de la nación, y esta vez, la locomotora será una eco-economía potente, para esta generación y las siguientes.
 
Clark y Cooke son los co-autores de Global Energy Innovation: Why America Must Lead, que publicará en noviembre 2011 Praeger Press. Clark fue miembro científico colaborador del panel intergubernamental de la ONU sobre el cambio climático que ganó el premio Nobel de la Paz en 2007. Cooke es un periodista centrado en proyectos sobre sostenibilidad.

Fuente: ( el confidencial )

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