Nutrición en la edad adulta (40-65 años)

La edad adulta es un amplio periodo que abarca alrededor de 25 años -entre los 40 y los 65 años de edad-, lo que implica una gran variabilidad de características personales; además, los hábitos previos de cada individuo van a condicionar, para bien o para mal, su estado de salud y bienestar. Tanto la alimentación, como el consumo de tabaco y bebidas alcohólicas, o la práctica regular de ejercicio, determinan el estado de forma física y anímica con el que se afronta esta etapa de la vida.
Es frecuente llegar a este periodo con una familia establecida: pareja, hijos, o nietos, y múltiples obligaciones profesionales, familiares, económicas…, y este cúmulo de responsabilidades puede hacer que prestemos mucho cuidado y esmero a aquellas personas que están a nuestro cargo, pero no la atención debida a nosotros mismos y nuestras necesidades.
Los requerimientos, tanto energéticos como nutricionales, en esta etapa, varían en función de muchos factores: sexo, edad, actividad física, composición corporal…, pero estos datos generales te pueden servir de guía.
Respecto al aporte de energía, cifras que oscilan entre 1800 kcal y 2500 kcal/día cubren las necesidades de la mayor parte de este sector de la población.
En cuanto a las proteínas, se mantiene la recomendación de valores de 0,8-1 g proteína/kg de peso/día, tal y como sucedía en etapas anteriores. El resto de la energía total deberá ser aportada por hidratos de carbono, en mayor medida los complejos, limitando la cantidad de azúcares sencillos y grasas, también imprescindibles en una dieta equilibrada.
Otros nutriente imprescindible que no conviene olvidar es la fibra dietética, cuya ingesta recomendada es de 25-30 g/día, y que debe ir siempre acompañada por una correcta hidratación, que no sea inferior al 1,5-2 litros de agua al día, lo que supone entre seis y ocho vasos.
En los adultos de entre 40 y 65 años cobran especial importancia algunos micronutrientes, como el calcio y la vitamina D, como factores preventivos de osteoporosis, una enfermedad muy frecuente en esta etapa de la vida, especialmente en mujeres tras la menopausia, así como el potasio y el sodio por su relación con la presión arterial.
Fuente: Web consultas

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