Una encrucijada decisiva para la energía renovable

Vientos, sol, biomasa y geotermia venían creciendo con intermitencias durante los últimos 30 años. Pero, hoy, parecen haber acumulado suficiente impulso para transformarse en actividades autosostenibles. Hasta hace cuatro años, esos mismos sectores apuntaban a una expansión firme. Pero se interpusieron la crisis sistémica occidental de 2007/09 y la recesión consiguiente.



De paso, crearon dudas sobre la viabilidad económica de fuentes renovables. Vale decir, energía eólica, solar, geotérmica, etc., vistas como negocios.

A tal punto que, ahora –con esas actividades volviendo a primer plano– algunos analistas del tema siguen preguntándose si el mercado es lo bastante flexible o adaptable como para reanudar el crecimiento. Máxime considerando la volatilidad de precios en energía y combustibles o la inestabilidad política y social en buena parte del mundo.

 Así lo ven tres expertos de la consultoría Booz & Co., Christopher Dann, Owen Ward y Sartaz Ahmed.

A criterio de Dann, “la respuesta suena más optimista de lo presumible, pues los mercados han evolucionado en varios aspectos relevantes durante los últimos años, al menos en las economías centrales. Tanto que ya casi nadie teme que se experimenten los lapsos de declinación o estancamiento habituales en el pasado. Un hito en materia de fuentes renovables al presente es su diversidad estructural en términos de tecnologías, participantes y geografías. Todo esto hará diferencia”.

La historia de esta nueva ola de cambios arranca en 2005, o sea d
os años antes de la crisis sistémica. En ese momento, una cantidad de factores se conjugó para acelerar el crecimiento de otra generación de energía renovable en Estados Unidos. El primero fue un indudable incentivo coyuntural: los precios de la electricidad pegaron un salto y los del gas natural alcanzaron picos históricos. El segundo factor fue la oportunidad: los avances tecnológicos condujeron a significativas rebajas en costos de la energía renovable. Finalmente, los inversores –repletos de capital y en pos de euforias venideras– se largaron a colocarse en esos sectores.

Pero, por lejos “el máximo impulso a ese crecimiento de fuentes renovables –apunta Ward– han sido significativos apoyos públicos, en escala federal, estadual o local, a lo largo de EE.UU. y en otros países. Con la mira puesta en combatir del cambio climático y, al mismo tiempo, promover nuevas actividades, un grupo de legisladores adoptó una amplia gama de incentivos y mecanismos tendientes a promover o poner en marcha el desarrollo de tecnologías asociadas a fuentes renovables”.

Percibiendo un contexto inversor favorable, firmas dedicadas a capital de riesgo y fondos extrabursátiles comenzaron a canalizar más y más dinero a energías limpias. En el trienio 2006/08, esos flujos excedieron los US$ 10.000 millones solo en EE.UU. y Canadá.

Estos emprendedores financieros estaban seguros de que eran predecibles corrientes de ingresos derivadas, naturalmente, del respaldo público. En niveles nacionales y estaduales, presumían que ese factor neutralizaría los riesgos tecnológicos. Por otra parte, la inversión era influida en cierto grado por algo psicológico: el temor de perderse un probable auge en energías limpias generó un efecto manada en el mercado. Al menos, antes de estallar la crisis financiera y la recesión en las economías centrales.

Auge, caída y equilibrio

“Durante el primer año de la crisis –señala Ahmed–, el pesimismo retornó a escena. De­sa­parecieron muchos de los factores subyacentes que habían convergido para aumentar la demanda de energías renovables. Otros se volvieron por demás inciertos. Por ejemplo, uno de los componentes claves para el negocio eran los altos precios del gas natural. Su dinámica se combina con el desarrollo de recursos gasíferos no convencionales (esquistos en particular) para mantener los valores bajo los US$ 7 por millón de unidades térmicas británicas (UTB) para un futuro previsible”.

El empeoramiento de condiciones económicas también provocó un desplazamiento de prioridades políticas. Una de ellas privilegiaba restricciones presupuestarias, en desmedro del gasto destinado a problemas ambientales. En EE.UU., algunos subsidios federales a fuentes renovables corren peligro de ulteriores recortes. Similar deterioro amenaza a las partidas estaduales y locales.

La recesión de 2009/10 causó que declinara la demanda total de electricidad y se produjeran excesos de capacidad instalada en la mayoría de los mercados estadounidenses. Por ende, la menor generación se tradujo en sobreoferta y precios en descenso. Esto debilitaba las opciones limpias como negocio potencial pues no había motivos para añadir capacidad a plazas saturadas.

Sin embargo, pese esas incertidumbre el mercado continuaba desenvolviéndose en aspectos relevantes, creando bases para retornar a la viabilidad económica y la expansión. Esta evolución adoptó varios aspectos:

Diversidad

En materia de diversidad tecnológica, el sector renovable se halla hoy mucho más diversificado que en aquellos años 80, cuando la generación limpia –salvo la hidroeléctrica– dependía primariamente de la biomasa. Estas fuentes (madera y desechos) representaron más de 70% de capacidad instalada y generación hasta 2000.

Si bien la biomasa era una fuente energética conveniente y económica en zonas como California o el noreste estadounidense, también tenía un potencial limitado en materia de mejora tecnológica o de desarrollo en gran escala.

Entretanto, la energía eólica y solar estaban en su infancia, si no en embrión. Por consiguiente, “el compromiso político con fuentes renovables como alternativas viales a los combustibles fósiles era escaso. Especialmente –subraya Dann–, mientras la oferta de hidrocarburos –gas natural en particular– subía y bajaba los precios; por lo menos hasta 2010”.

En la actualidad, la cartera de energías renovables en la mayoría de los países avanzados y emergentes se halla mucho más equilibrada o diversificada que hace una generación. En buena medida, gracias a los rubros eólico y solar, que se han expandido sustancialmente en los últimos 10 años. La diversidad se extiende más allá de las tecnologías de alto nivel e involucra categorías tan innovadoras como células térmicas o fotovoltaicas y, aún más allá, subconjuntos de filme ultradelgado o silicones cristalinos. Todo ello tiende a asegurar características que diferencien entre sectores específicos de usuarios; por ejemplo, viviendas e industrias.

Tanta diversidad tecnológica permite a Gobiernos y sectores privados locales combinar y armonizar fuentes renovables, aprovechando aplicaciones opcionales no disponibles antes. Así sucede con la energía eólica, hoy la más difundida de todas.

Tras beneficiarse de US$ 3.000 millones gastados en investigación y desarrollo (I+D) en el curso de la década 2001/10, la inversión en el sector tal vez haya tocado el punto de retornos descendientes o saturación. Pero la menor actividad, por su parte, llevó a un estimado 30% de capacidad excedente, lo cual puede resultar en menores costos de equipamiento y, como contrapartida, contribuir a un sostenido crecimiento de instalaciones eólicas.

Entretanto, el efecto del aumento de fabricantes de células fotovoltaicas en China no debe ser subestimado. Este sector ha incrementado su porción de mercado en el cuadrienio 2007/10 a más de 50%. Este año, las 10 mayores manufacturas de módulos FV, juntas, tienen seis veces la capacidad de sus 10 contrapartes estadounidenses. Partiendo de tan sólida posición en el segmento, con el fin de disminuir costos, esas empresas proseguirán integrándose verticalmente vía innovación e inversiones.

Diversas geografías

La generación de energías renovables ya no se circunscribe a determinadas regiones del planeta y sus nuevos alcances geográficos tienen positivas implicancias en términos de implantación y apoyo político. Por ejemplo, en EE.UU., hace seis años, apenas dos ámbitos (oeste y sudeste) constituían más de 55% de la capacidad generadora en energías renovables. Esa participación no pasa ahora de 40%, pues otras zonas han estado creciendo a mayor ritmo. Varios estados con menos radiación solar comparativa (Massachusetts, New Jersey, Oregon) muestran apreciables tasas de expansión en instalaciones fotovoltaicas, merced a generosos subsidios oficiales.

Por cierto, observa Ward, “la generación de energía renovable y actividades conexas se han convertido en parte integral de las economías locales. En el mundo industrial, donde quedan pocos sectores en expansión, los Gobiernos empiezan a ver aquella actividad como fuente de utilidades y oportunidades”.

En EE.UU., dirigentes políticos y funcionarios de Florida o Arizona han ampliado la gama de desgravaciones tributarias y otros incentivos para atraer compañías dedicadas a energías renovables.

La diversidad de sus alcances geográficos también ha contribuido a encarar desafíos tecnológicos, inclusive la naturaleza intermitente de sus fuentes. Distribuir energía renovable y capacidad instalada con mayor amplitud a lo largo del país ayuda a mitigar su propia irregularidad. Eso ocurre con la eólica, pues el viento sopla en diferentes direcciones, momentos e intensidades.

Ecosistema complejo

Algunos decenios atrás, el escenario de la energía renovable (ER) era relativamente reducido y sin complicaciones. Hoy, la actividad ha atraído una gama de operadores, provenientes de diversas industrias y geografías. Estos nuevos actores se han unido a los veteranos y forman un fuerte ecosistema de desarrolladores, proveedores, clientes, financistas, profesionales, etc. El surgimiento del fenómeno, acelerado durante el reciente auge, ha producido innovaciones y aptitudes necesarias a la industria para, entre otras cosas, limitar la dependencia respecto de subsidios oficiales.

Este estudio, opta –señalan los tres autores– por segmentar los recién venidos en perfeccionadores tecnológicos, expertos en economía de proyectos y mejoradores de marketing. Los primeros han aportado conocimientos, experiencia y prácticas a la industria, inclusive adaptación a energías renovables. Ello presupone reducir costos de instalación y elevar eficiencia.

El proceso se torna evidente en el mercado helioenergético, donde varios grandes operadores convencionales han incursionado para capitalizar oportunidades. Así, General Electric vuelve al campo solar tomando un líder sectorial, First Solar. Boeing se mete para aplicar tecnologías, originalmente desarrolladas en su negocio satelital, para fabricar paneles solares increíblemente eficaces.

En cuanto a las tecnológicas mismas, buscan integrarse hacia abajo en la cadena de valor agregado. En este punto, cabe volver sobre la experiencia china: las líderes ReneSola y JA Solar (paneles y células) han ampliado el negocio al armado de módulos, un nexo clave con escasas barreras de ingreso. Por otro lado, Sharp y GE-First Solar han adquirido desde 2009 a importantes desarrolladores, con el objeto de ganar canales de ventas propios en un contexto muy competitivo. Eventualmente, la idea es armar una estructura de mercado totalmente integrada.

La economía de proyectos se vincula a un sector, la energía renovable, que ha experimentado un impresionante crecimiento de desarrolladores y otros intermediarios. Como tales, constituyeron un factor crítico en el reciente auge.

Ese universo se compone de marketineros internacionales en pos de diversificación geográfica y hasta de pequeños emprendedores en busca de sus primeros clientes. Todos se hallan a la pesca de los muchos desarrolladores de proyectos que inundan estos años el sector ER. Su participación ha contribuido a identificar los sitios más atractivos, obtenerles financiamiento, crear una cartera ER con instalador de alto potencial.

Una dura competencia entre desarrolladores ha ayudado a disciplinar precios vía acuerdos para compra de ER. Asimismo, empresas como SolarCity también contienen la demanda eléctrica residencial alquilando, con opción de compra, costosos sistemas fotovoltaicos. Ello cubre a potenciales usuarios en lo tocante a financiarlos y mantenerlos. Si bien fusiones y adquisiciones pueden aumentar en los próximos años, un sólido mercado de desarrolladores ya significa bases para seguir creciendo.
Operadores financieros

La entrada de un variopinto grupo de operadores financieros ha sentado las bases de una industria que necesitaba hacer pie e identificar medios para recortar costos de proyecto e instalación. En los últimos años, una cantidad de firmas ha empezado a especializarse en financiar energías renovables. Al mismo tiempo, expertos tributarios vienen tomando relevancia. Estas combinaciones ofrecían y ofrecen concepciones innovadoras en materia de flujos de caja, superando limitaciones de incentivos financieros preexistentes.

Por su parte, los intermediarios de créditos para ER y los marketineros de energía verde aportan canales extras y mejoran las economías de proyecto. El establecimiento de compañías como Sterling Planet o Green Mountain Energy abre paso a desarrolladores y asegura fuentes adicionales de ingresos para lograr al presente valores netos positivos.

Yendo hacia delante, el continuo crecimiento de empresas ligadas a grillas inteligentes y proveedores de almacenamiento energético irá teniendo una función crítica en la próxima etapa de ER. Simultáneamente, el desarrollo económicamente exitoso de esas tecnologías resolverá muchos de los problemas causados por las intermitencias. Paralelamente, la adopción generalizada de parámetros inteligentes y precios variables hará a la helioenergía más interesante, pues su mayor rendimiento es diurno, cuando la demanda roza picos.

En otro plano, los servicios propiedad de inversores probablemente comiencen a diversificarse corriente arriba, hacia otros puntos de la cadena ER de valor. Empresas como Duke Energy o Exelon ya han tomado o desarrollan grandes activos. Otras establecen posiciones en estructuras de generación y transmisión, no ya mediante simple compra de electricidad.

Comercialización y marketing

La introducción de modelos de negocios innovadores, particularmente los que involucran tecnologías (a veces elevando costos finales) decidirá el ritmo al cual las ER se despliegan. En EE.UU., uno de los más importantes motores de crecimiento en instalaciones solares comerciales fue la aplicación de contratos eléctricos a largo plazo y a precios fijos. SunPower Corporation y otras introdujeron novedosas estructuras de precios, según las cuales instalan paneles en azoteas o techos y cobran por mes –estilo leasing– , sin requerir que el cliente incurra en grandes gastos.

Esquemas similares serán precisos si el sector pretende acceder a potenciales clientes residenciales y a pequeños comercios. Por supuesto, diferentes segmentos de mercado tendrán otras aspiraciones y necesidades, pero todos los servicios exigirán instalaciones rápidas y baratas, tarifas previsibles, sin adicionales, y diseños elegantes. Un número de compañías ya ofrece un marketing más atractivo, pero pronto aparecerán modelos más innovadores, a medida como madure el mercado de energías renovables.

Ese panorama lleva a la diversidad de aplicaciones. Cualquiera de las fuerzas en juego llevará a cambios en la industria, sin duda. Juntas empujarán el mercado a un punto de quiebre entre el modesto pasado y la viabilidad en gran escala. Terminan los días cuando los paneles solares fotovoltaicos se consideraban exclusividad de pequeños sistemas para instalar en el techo. Las tecnologías ER se han ampliado en alcance a tal punto que se aceptan como elementos insoslayables en cualquier contexto energético regional.

Por ejemplo, muchos fabricantes de módulos fotovoltaicos siguen centrados en proyectos tamaño megavatio, mientras algunos rivales chicos –expertos en películas ultradelgadas– encaran progresos en aplicaciones fuera de grilla orientados a una variedad de mercados.

Al mismo tiempo, las ER encuentran espacio en microescalas con efectos macro. Bienes de uso final, como porfolios con cargadores solares para celulares, podrían alcanzar 30% de un segmento de US$ 300 millones. O sea módulos fotovoltaicos de filme ultradelgado y flexible. Las fuerzas armadas son otro futuro canal de innovación. Su demanda es considerable. Por ejemplo, cada litro de nafta que llega a Afganistán representa seis empleados para llevarlo allá. Pero las células fotovoltaicas tienen el potencial de alterar substancialmente la dependencia estratégica de combustibles fósiles.

Fuente: ( Mercado )

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