Penicilina: Un auténtico milagro

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Jorge A. Rodríguez y Morgado / SABERSINFIN

No inventé a la penicilina, la naturaleza lo hizo. Yo sólo la descubrí por casualidad.
Alexander Fleming
Puebla, Pe; 12 de agosto 2016.- El pasado 6 de agosto se cumplieron 135 años del nacimiento de uno de los más grandes científicos de los últimos tiempos -Sir Alexander Fleming (1881-1955). Médico y bacteriólogo escocés que en 1928 descubrió la penicilina, un antibiótico que revolucionó la medicina moderna, ya que la utilización de esta sustancia permite tratar diversas enfermedades que, hasta bien entrado el siglo XX, se consideraban incurables.

Aunque se le atribuye a Fleming el descubrimiento formal de la penicilina, en la antigüedad muchas culturas llegaron a conocer y emplear las propiedades bactericidas de los mohos. Se tienen precedentes de su uso en Grecia, India y en Ceilán desde el siglo II. También se ha utilizado el hongo en regiones como Serbia, Rusia o China, así como en los nativos de Norteamérica. Desde el siglo VIII, los médicos árabes curaban infecciones untando en las heridas alimentos o tierra que contuviera hongos. Durante el siglo XVII farmacólogos y herboristas ingleses incluyeron también los mohos en el tratamiento para curar las infecciones.

Alexander Fleming nació en Darvel, Escocia, en el seno de una familia campesina. Fue el tercero de cuatro hijos procreados en segundas nupcias por Hugh Fleming. Alexander recibió, hasta 1894, una educación rudimentaria, de la que parece haber extraído el gusto por la observación detallada. Completó su educación básica en el Polytechnic Institute de Regent Street. Posteriormente obtuvo una beca para el St. Mary's Hospital Medical School de Paddington, en donde al terminar sus estudios trabajó como médico microbiólogo. Su gusto por la vida militar le llevó a intervenir en la Primera Guerra Mundial como oficial del Royal Army Medical Corps en Francia y quedó impresionado por la gran mortalidad causada por las heridas de metralla infectadas en los hospitales de campaña, buscando intensamente un nuevo antiséptico que evitase la dura agonía provocada por ese tipo de heridas, hecho que lo llevó a la investigación de las defensas del cuerpo humano contra las infecciones bacterianas, logrando años más tarde el descubrimiento de la penicilina. 

Los dos descubrimientos, semi-accidentales (serendipias), de Alexander ocurrieron en los años veinte: a) En el descubrimiento de la lisozima (1922): Fleming halló la acción antibacteriana de la lisozima al percatarse de la destrucción de las bacterias de unas de sus placas sobre la que previamente había estornudado accidentalmente ya que las mucosas corporales continente la enzima lisozima; b) El descubrimiento de la penicilina (1928): Se realizó cuando unas placas de estrafilocos que estaba analizando se infectaron accidentalmente por el hongo Penicillium chrysogenum. La curiosidad de Fleming le llevó a estudiar esas muestras con moho y a descubrir el efecto antibacteriano de uno de los componentes de ese hongo: la penicilina. Fleming comunicó su descubrimiento sobre la penicilina en el British Journal of Experimental Pathology en 1929.

La penicilina comenzó a utilizarse de forma masiva en la Segunda Guerra Mundial, donde se hizo evidente su valor terapéutico. Desde entonces, se ha utilizado con gran eficacia en el tratamiento contra un gran número de gérmenes infecciosos, especialmente cocos; en este sentido, se ha mostrado sumamente útil para combatir enfermedades como la gonorrea y la sífilis.

La importancia de la penicilina está en los millones de personas que ha salvado desde que fue descubierta y ésta ha sido uno de los pilares fundamentales de la farmacología actual. Gracias a ella se pudo luchar contra enfermedades tan importantes como la tuberculosis, la escarlatina, la neumonía bacteriana, la fiebre reumática y muchas más. Además ha sido esencial para que se pudieran combatir todo tipo de infecciones, tanto de la piel, garganta, huesos, estómago, articulaciones, sangre, la meningitis, etc.

Por sus descubrimientos Fleming fue elegido miembro de la Royal Society en 1942, recibió el título de Sir dos años más tarde y en 1945, compartió con el patólogo australiano H. W. Florey y el químico alemán E. B. Chain el premio Nobel. Falleció en Londres el 11 de marzo de 1955. Fue enterrado como héroe nacional en la cripta de la catedral de San Pablo de Londres. 

Es por lo anterior, amable lector, que la labor de Alexander Fleming debe ser digna de recordarse, especialmente en el día de su nacimiento.

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