domingo, 29 de mayo de 2011

De animales y de peces


Anacristina Rossi
 Recomiendo otro maravilloso libro de Jorge Riechmann:Todos los animales somos hermanos (Madrid, 2005, ediciones de La Catarata). Por creer que un abismo nos separa del resto de los animales nos estamos quedando verdaderamente solos, en un mundo sin biodiversidad que terminará por colapsar.



La ciencia nos ha demostrado que poco nos separa del resto de los mamíferos, con quienes compartimos no solamente la estructura biológica –solo 300 genes nos separan de un ratón, y entre el ADN de los chimpancés y el de los humanos sólo hay una diferencia de un 1%– sino también la capacidad de sentir, de sufrir y de amar, eso que algunas personas llamamos alma.

El argumento de que podemos infligirle sufrimiento a quienes “no tienen alma”" sirvió para justificar la esclavitud de los negros y la sumisión de las mujeres en la fe católica. Hay también gente que se burla de la reencarnación sin comprender que no se puede volver atrás: un humano ya no puede reencarnar en un animal. Porque lo que sí diferencia a los humanos de los animales es la capacidad racional.

Mi gata no va a dejar de comerse los pájaros, por más que le explique. Pero si yo le explico a mi hijo de manera convincente por qué no debe matarlos, no los matará.

La solución de supervivencia de Riechmann es drástica: 50% del espacio para la humanidad, 50% para el resto de la biodiversidad. Porque Pitágoras sigue teniendo razón: “mientras los humanos sigan masacrando animales seguirán matándose entre sí”.

No es dejar de comer carne ya, aunque sería lo ideal, sino comer menos y parar el espantoso sufrimiento de criaderos y mataderos de pollos, cerdos y reses.

Porque la solución no está en cambiar el consumo de carne por el de pescado. Hemos agotado ya el 90% de las especies comerciales y eso agudiza el calentamiento global: las heces de los peces absorben CO2.





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