jueves, 21 de abril de 2011

Un río con gran reputación internacional

Un prestigioso elenco científico trabaja para descifrar las claves de la vida.
 
 
 
 
El interés de la ciencia mundial por la cuenca del río Tinto no es casual. Todo empezó cuando hace 25 años el catedrático de Microbiología de la Universidad Autónoma de Madrid, Ricardo Amils, comenzó sus investigaciones con los extremófilos que habitan las aguas del Tinto, el río que quema (Urbero), las mismas aguas donde ciervos y jabalíes se expurgan y limpian de molestos insectos parásitos.
Pronto, sus hallazgos y descubrimientos levantaron gran interés en el orbe científico e hicieron del cauce minero uno de los pocos análogos terrestres del planeta rojo. Al fin y al cabo estaba en juego nada menos que el descifrar las claves de la Vida o si ésta en verdad existió alguna vez en Marte. Ya se sabe que las bacterias que alberga el Tinto lograrían sobrevivir en ambientes marcianos. En un pH de acidez insoportable, con alto contenido en metales pesados y con escasez de oxígeno es posible la supervivencia, a base de 'alimentos' minerales, organismos procariotas y eucariotas.

En el año 2000 se puso en marcha el proyecto P-Tinto. Un equipo de científicos de la Agencia Espacial Norteamericana (NASA) se desplazó hasta la cabecera del río para sumergir en sus aguas a la sonda Snorkel. Aquella experiencia costó 200 millones de pesetas, y eso que solamente suponía una pequeña parte del P-Tinto, valorado en 2.000 millones. Hoy, asegurar el robot que trabaja en Peña del Hierro ya vale más de un millón y medio de euros.

Una de las científicas que participó en los experimentos de P-Tinto, la planetóloga y especialista en Marte, Carla Stoker, participa desde USA en los ensayo's del nuevo proyecto que se desarrolla estos días en la zona.

A los desvelos de Amils se unió después al astrofísico Juan Pérez Mercader y el científico del Centro de Astrobiología (CAB) Felipe Gómez. Todos ellos han convertido el entorno en un gran laboratorio y de las particulares características del río y sus variado y extremo ecosistema se habla en todo el mundo.

En paralelo a las nuevas pruebas con los vehículos espaciales otro equipo de científicos analiza la geoquímica y la microbiología de la zona. Los trabajos están incluidos en el Proyecto de Exploración Geomicrobiológica del Subsuelo de la Faja Pirítica Ibérica (IPBSL), abordan la microbiología del subsuelo terrestre y tratan de determinar si la vida puede desarrollarse en ausencia de radiación . En este caso los ecosistemas del subsuelo son también de un gran interés astrobiológico pues permiten recrear escenarios de cómo pudo originarse la vida en la Tierra o de cómo pueda desarrollarse en otros cuerpos planetarios.

El proyecto forma parte de las actividades del Nasa Astrobiology Institute, del CAB y de Penn State University.

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