Arquitectos y científicos gestan los increíbles edificios del futuro

La revista ‘Science’ publica el manifiesto fundacional de una nueva arquitectura, que prepara muros capaces de transformarse ante cambios de luz, humedad o temperatura.
 


La arquitecta Paz Gutiérrez, sentada, con una colaboradora en su estudio
La arquitecta Paz Gutiérrez, sentada, con una colaboradora en su estudio / Everyday Wurster

 
 
Nadie que no sea un gran escultor o pintor puede ser arquitecto. Si no es escultor o pintor, sólo puede ser un albañil”, clamaba en el siglo XIX el crítico de arte británico John Ruskin, admirador del estilo gótico. Más de un siglo después de su muerte, si Ruskin entrara en el estudio-laboratorio de Paz Gutiérrez en la Universidad de California en Berkeley (EEUU) no sabría que allí trabaja una arquitecta. Nada de escultores y pintores. Por sus mesas circulan biólogos, bioingenieros, químicos, informáticos y expertos en nuevos materiales. “Antes se hablaba del hombre renacentista, como Brunelleschi, pero hoy en día se trata de un equipo renacentista”, explica.
 
Gutiérrez, chilena y estadounidense, acaba de lanzar una especie de manifiesto fundacional de una nueva arquitectura: el diseño de escala múltiple. Frente a la sencillez de las cuatro paredes clásicas, el concepto es complejo de entender. La arquitecta habla de integrar en los edificios la macroescala, lo visible, con el mundo de lo microscópico e, incluso, con la nanoescala, ese submundo de millonésimas partes de un milímetro. “Si uno mira un bosque, con sus árboles, sus hojas, sus células, se da cuenta de que la naturaleza diseña de manera interdependiente a escala múltiple, de manera opuesta a como lo hace el hombre”, opina Gutiérrez, que ha publicado su manifiesto en la revista Science, un templo científico tradicionalmente vetado a los arquitectos.
 
No es la típica pirotecnia intelectual barata habitual en las revistas de diseño. La Fundación Nacional de la Ciencia de EEUU ha entregado millones de dólares a un puñado de laboratorios para que desarrollen esta nueva arquitectura. Uno de ellos es el estudio de Gutiérrez, que ha recibido dos millones de dólares para desarrollar muros capaces de ahorrar agua y energía. El proyecto, denominado SOAP, consiste en desviar el agua sucia de lavabos y duchas a las paredes exteriores de un edificio, diseñadas con microlentes capaces de recoger la energía solar.

Ahorro de agua extremo

La radiación ultravioleta del sol inicia la desinfección del agua, pero el proceso es lento y poco eficiente. Para acelerarlo, el equipo de Gutiérrez añade nanopartículas de dióxido de titanio integradas en la fachada. Este compuesto, usado en la industria como pigmento para blanquear casi cualquier cosa, desde quesos hasta pintura, multiplica la acción desinfectante del sol. El agua, ya limpia, calienta la casa de noche al circular por un suelo radiante y, una vez empleada como fuente de calor, se guarda para reutilizarla en la cisterna del baño o para lavar la ropa.

«Creo que dentro de 1.000 años se verá este inicio del siglo XXI como el renacimiento»





Fred Andreas
ArquitectoEl proyecto, señalan Gutiérrez y su colega Luke Lee en Science, es ideal “en edificios que requieren un ahorro de agua extremo, refrigeración durante el día y calefacción durante la noche por los grandes cambios de temperatura a lo largo del día, como ocurre en los climas áridos”.

La arquitecta también menciona el proyecto eSkin, liderado por el ingeniero Shu Yang, de la Universidad de Pensilvania (EEUU), que también ha recibido dos millones de dólares. El grupo de Yang estudia las células del músculo liso que forma las paredes de los vasos sanguíneos para comprender cómo se contraen y relajan. El objetivo es imitar este proceso con nuevos materiales, para que los edificios del futuro tengan una piel inteligente capaz de adaptarse a los cambios exteriores de luz, humedad y temperatura.

“Paredes vivas”

El ingeniero John Zhai es otro de los investigadores que han recibido dos millones de dólares para sus proyectos de esta nueva arquitectura científica. Su equipo, en la Universidad de Colorado (EEUU), intenta imitar a la naturaleza para desarrollar “paredes vivas”, inspiradas en el sistema de regulación térmica del cuerpo humano.


El ingeniero John Zhai, a la izquierda, con los primeros pasos de sus “paredes vivas”
El ingeniero John Zhai, a la izquierda, con los primeros pasos de sus "paredes vivas" /

Como él mismo explica, las paredes se han construido tradicionalmente como barreras para separar al ser humano del exterior. Su grupo, en cambio, trabaja en una pared fabricada con un polímero poroso que permitirá que entre en la casa aire fresco o se caliente antes de entrar, en función de la temperatura interior. Además, la pared estará preñada por una red de tuberías microscópicas con geles que controlarán el flujo de calor de manera automática.

“Esperamos tener construido el prototipo en uno o dos años”, explica Zhai. Según sus cálculos, un sistema de “paredes vivas” reduciría entre el 80% y el 95% del actual consumo energético de un edificio, concentrado en la calefacción y el aire acondicionado. Para el ingeniero, este proyecto marcará “la filosofía” de la nueva arquitectura que está naciendo. “Los edificios del futuro tendrán o deberían tener estas características: ser más confortables y saludables para vivir, ser sencillos de operar, consumir menos energía de la que generen y no liberar residuos al medio ambiente”, recalca.

Su socio, el arquitecto Fred Andreas, va incluso más allá. “Siempre digo a mis alumnos que creo que dentro de 1.000 años se verá este inicio del siglo XXI como el renacimiento”, sostiene. Un renacimiento arquitectónico: el diseño de escala múltiple.


Fuente: Es Materia

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