¿Si te arrancás una cana te salen siete más?

Qué es lo que produce los pelos blancos y qué pasa cuando nos los sacamos.
Inevitablemente llega el día en el que te mirás en el espejo y las ves. Puede ser en la ceja, el bigote, la barba o el cabello, pero una vez que aparecen, ya no hay vuelta atrás: las canas llegan para quedarse. Y encima repetimos en nuestras cabezas el famoso mito urbano: “No te saques las canas. Mirá que si te arrancás una, te salen siete más”.
Comencemos por decir que todo pelo tiene su origen en un folículo debajo de la piel. La parte que emerge al exterior se llama tallo y aunque el proceso de fabricación es bastante complejo podemos simplificarlo diciendo que hay dos células principales involucradas: los queratinocitos y los melanocitos. Los queratinocitos generan grandes cantidades de una proteína llamada queratina. A medida que se van dividiendo se hacen lugar empujando hacia arriba a sus predecesores. Cuando los que están arriba de todo comienzan a morir dejan como legado la queratina que acumulan y así la proteína se aglutina formando un cilindro de materia muerta. Con el correr de los días este cilindro se hace cada vez más largo y, finalmente, emerge del folículo hacia el exterior: ¡habemus un pelo! Perola queratina es incolora así que la pintura corre por cuenta de los melanocitos, células especializadas en la fabricación de un pigmento que se llama melanina (el mismo que da color a la piel).
Como una cana básicamente es un pelo sin teñir, lógicamente su aparición tiene que estar relacionada de alguna forma con la (falta de) actividad de los melanocitos y la (des)aparición de su colorida producción. Factores como la edad, la genética y las hormonas son fundamentales y, aunque no se conocen del todo los mecanismos involucrados, existen algunos indicios sobre cómo transcurre el proceso.
En 2005, un grupo de científicos utilizó ratones transgénicos y folículos pilosos humanos para demostrar que el encanecimiento del cabello está relacionado con una falla en el sistema de mantenimiento de las células madre de los melanocitos (“Mechanisms of Hair Graying: Incomplete Melanocyte Stem Cell Maintenance in the Niche”).
Por otro lado, esta vez en 2009, un grupo de investigación sugirió que una de las responsables de la aparición de canas era la acumulación de peróxido de hidrógeno (agua oxigenada) en las células. Su presencia causaría estrés oxidativo en los melanocitos y afectaría la coloración de los cabellos (“Senile hair graying: H2O2-mediated oxidative stress affects human hair color by blunting methionine sulfoxide repair”).
Es evidente que, en materia de coloración capilar, todavía falta mucho por investigar pero de algo sí podemos estar seguros: solo un cabello crece de cada folículo piloso y cada folículo piloso sigue su propio ciclo de crecimiento independientemente de sus vecinos. Ya sea pigmentado o no.Por lo tanto, la creencia de que arrancarse una cana produce siete más es una imposibilidad anatómica y fisiológica: arrancar una cana sólo hará que el folículo produzca una nueva cana al cabo de un tiempo.
¿De dónde viene el mito entonces? Es posible que la perpetuación de esta creencia se deba a que cuando encontramos la primera cana visible es porque llegamos a la edad en la que nuestros melanocitos capilares han empezado a fallar y a producir menos melanina por algún motivo. Con lo cual, a partir de ese momento, cada vez tendremos más cabellos sin pigmentar y los veremos más seguido dando la impresión de que se han multiplicado. Después de todo, seamos lógicos, si el mito tuviera algún sentido tendríamos muchos más canosos y muchos menos pelados.
Conclusión: FALSO. Arrancar una cana sólo hará que el folículo produzca una nueva cana.
Fuente: Chequeado

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