Fibrosis pulmonar idiopática

“Pertenezco a la generación de estudiantes de la Facultad de Ciencias de la UNAM que nos vimos marcados por el movimiento ferrocarrilero, por la lucha magisterial, por la defensa de Cuba, entre otros”, escribió Annie Pardo Cemo en 2006 en el libro Navegante sin fronteras, homenaje a Luis de la Peña y agrega: “El análisis y discusión de estos problemas, además de nuestro interés común por diversas ramas de la ciencia, caracterizó a un importante grupo de compañeros y compañeras que nos encontramos y reencontramos en variadas discusiones ideológicas y pragmáticas sobre la ciencia, la educación, la política y otras”.

 


Fiel a esta filosofía, la doctora Pardo no sólo ha destacado como profesora e investigadora, sino que ha continuado siendo tenaz crítica del sistema político que rodea a la educación y la ciencia.

El pasado 26 de junio, sus casi cinco décadas de labor ininterrumpida fueron reconocidas por el Consejo Universitario al otorgársele uno de los máximos reconocimientos que da la Universidad Nacional: el de profesora emérita.

VENCIENDO OBSTÁCULOS. Sentadas en un café cerca de la zona de hospitales en el sur de la ciudad de México, Annie Pardo nos comparte algunas reflexiones sobre sus 48 años como académica de la UNAM y lo que significa para ella esta distinción.

“Es un honor y una gran satisfacción tener el máximo nombramiento que otorga la universidad”, dice con visible emoción y recuerda que una vez que se enteró de la noticia, “lo primero que hice fue avisarle a mi esposo y a mis hijos [tiene 3]”.

Luego, su gesto se torna algo serio y explica: “A mi las cosas no se me han dado fácil. He llegado tarde en muchos casos porque he tenido que vencer muchas piedritas en el camino”.

Mientras toma un sorbo de su té reflexiona un momento y explica: “En primer lugar, creo que las mujeres empezamos más tarde o avanzamos muy lento al principio, porque tenemos una doble jornada [ser madres y profesionistas]. Por otro lado, yo soy una persona que siempre digo lo que pienso y eso me ha traído algunas dificultades”. Hace una breve pausa antes de agregar: “Además de que siempre he estado teñida de roja, lo cual era un problema en una época”.

Se refiere a su activismo político y social. Al respecto menciona: “Los movimientos sociales siempre me han generado interés y preocupación. El hecho de saber que he tenido muchos privilegios y la posibilidad de acceder a una educación y darme cuenta que pertenezco a un sector muy pequeño de la población mexicana. Yo creo que todos deberíamos tener las mismas oportunidades”.

—Casi cinco décadas después del 68, ¿cuál es su diagnóstico?

—Creo que nos falta mucho por recorrer. Algunos aspectos democráticos se han mejorado o enriquecido de cierta manera pero somos uno de los países más desiguales del mundo. No es que México sea un país pobre, sino un país donde la distribución de la riqueza es infame.

MATRIZ EXTRACELULAR. Annie Pardo, doctora en bioquímica por la UNAM, llegó a la Facultad de Ciencias en 1980 donde inauguró el laboratorio de investigación de bioquímica en el Departamento de Biología.

Su interés principal desde entonces ha sido el estudio de la matriz extracelular y las enfermedades crónico-degenerativas del pulmón. La selección de tema no fue al azar.

A principios de la década de 1970, había comenzado sus estudios sobre la colágena –proteína central de la matriz extracelular— en el laboratorio del doctor Ruy Pérez Tamayo. La matriz extracelular son todos aquellos materiales que se encuentran fuera de las células y que forman parte de los tejidos.

¿Por qué estudiar a la colágena? Los investigadores, entre ellos Pardo y Pérez Tamayo, querían comprender mejor un fenómeno conocido como fibrosis –cuando se forma tejido conectivo fibroso en exceso como resultado de un proceso de reparación (cicatrización) o como resultado de una enfermedad. El quid aquí es que el principal componente del tejido conectivo son justamente las colágenas.

Como parte del proyecto para estudiar a la colágena había que caracterizar a las colagenasas –un tipo de proteína que corta en fragmentos a la colágena—. En aquel entonces muy poco se sabía sobre esas proteínas capaces de degradar a la colágena.

Ahora se sabe que hay 23 tipos de colagenasa y ya no se les llama así –se les conoce como metaloproteasas— y la doctora Pardo es considerada autoridad mundial en el campo de las metaloproteasas de la matriz extracelular.

DEL LABORATORIO A LA CAMA DEL HOSPITAL. “Siempre con interés en la fibrosis comencé a buscar colaboraciones para obtener biopsias a partir de las cuales obtener fibroblastos –la principal célula del cuerpo que produce colágena— con la idea de empezar a trabajar más en las enfermedades”, explica Pardo.

Fue así que nació una muy fructífera colaboración con el doctor Moisés Selman, del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), para estudiar la fibrosis pulmonar idiopática.

La fibrosis pulmonar es el resultado final de un grupo heterogéneo de enfermedades que afectan el tejido pulmonar, muchas de ellas producidas por agentes conocidos como la inhalación de proteínas producidas por las palomas o de asbesto o sílice.

Sin embargo, en el caso de la fibrosis pulmonar idiopática no se conoce qué la causa, de ahí su nombre –idiopático significa de causa desconocida—. Esta enfermedad es particularmente agresiva y letal. “En términos generales, los enfermos mueren de tres a cuatro años después del diagnóstico, lo que la hace más agresiva que un cáncer”, dice Pardo.

En 2001, Selman, King y Pardo publicaron un trabajo seminal en la revista Annals of Internal Medicine donde establecen que, a diferencia de otras fibrosis, la fibrosis pulmonar idiopática no es causada por una respuesta inflamatoria.

“Es probablemente el aporte más importante que hemos hecho”, afirma la Dra. Pardo con gran orgullo. “El dogma central de una fibrosis es que ante una agresión hay una reacción inflamatoria, si esta reacción inflamatoria no se resuelve hay cicatrización que lleva a la fibrosis”. Pero los datos no concordaban. Pardo, Selman y otros comenzaron a preguntarse por qué los anti-inflamatorios no tenían efecto en los enfermos con fibrosis pulmonar idiopática.

“Llegamos a la conclusión de que la fibrosis pulmonar idiopática no es inflamatoria”, explica Annie Pardo y agrega acomodándose las gafas, “lo que creemos ahora es que es una reacción aberrante del epitelio”. El epitelio es otro de los tipos de tejidos que componen a los animales, además del conectivo, muscular y nervioso.

Al principio el trabajo no fue muy bien recibido por la comunidad científica, siempre resistente a las nuevas ideas. Pero la evidencia se fue acumulando lentamente. “Hicimos un estudio de microarreglos donde comparamos la expresión de genes de una fibrosis causada por hipersensiblidad –en las que se sabe que el daño se produce como resultado de la inflamación— y una fibrosis idiopática. El patrón génico era completamente diferente”, explica la doctora Pardo.

NUEVOS DESCUBRIMIENTOS. Todas estas nuevas evidencias son revisadas por King, Pardo y Selman en un artículo publicado en la prestigiada revista Lancet, en diciembre de 2011. Pero los descubrimientos no terminan ahí.

“Yo siempre he estado interesada en las metaloproteasas dentro de la fibrosis, con la pregunta eterna sobre por qué las enzimas capaces de degradar la matriz extracelular no la degradan”, dice la doctora Pardo.

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En 1975, Annie Pardo y Pérez Tamayo publicaron un artículo en Biochimica et Biophysica Acta, donde demostraron que en la matriz extracelular las metaloproteasas están pegadas a la colágena. Surge entonces un enigma hasta ahora sin respuesta: ¿Por qué no degradan el tejido al cual están pegadas causando daño?

La respuesta parece estar en que las metaloproteasas tienen propiedades inusuales e insospechadas. “Hemos ido encontrando que algunas metaloproteasas, como la metaloproteasa 7, promueven la fibrosis, pero en otros casos, tienen el efecto contrario”, dice Pardo. En un estudio con ratones se encontró que los ratones deficientes en la metaloproteasa 19 desarrollan más fibrosis.

Y Annie Pardo nos adelanta: “Estoy por mandar a publicación un artículo donde describimos una función para metaloproteasas que no podíamos imaginar: modifican la respiración mitocondrial”, dice visiblemente emocionada. Las mitocondrias son las centrales energéticas de las células.

POR HACER. Comprender mejor cómo ocurre la fibrosis permitirá en un futuro encontrar alternativas para enfermedades hasta ahora sin tratamiento como la fibrosis pulmonar idiopática.

Sin embargo, es importante tener en mente que los modelos de estudio experimentales tienen sus limitaciones. En el caso de la fibrosis pulmonar idiopática no se tiene un modelo experimental ideal lo que limita los alcances de la investigación.

“Es un verdadero problema, vamos trabajando con células, con las biopsias, con los genes, pero tienen limitaciones”, explica Pardo. “Ahora empieza a surgir un modelo en donde tienen al pulmón libre de células y con toda la matriz, pero eso no lo tenemos nosotros. Lo tienen en sitios donde hay programas de trasplantes”.

Pero eso no evitará que Annie Pardo siga buscando nuevas colaboraciones que le permitan avanzar en la comprensión de las enfermedades crónico-degenerativas del pulmón.

Al final, el trabajo académico no sólo le ha traído a la doctora Pardo la satisfacción profesional. También le regaló un compañero de vida: “Fue a través del trabajo académico que comencé a colaborar con Moisés y poco tiempo después nos hicimos pareja”, dice con una gran sonrisa.

A partir de hoy, todos los domingos La Crónica de Hoy publicará la serie Nuestros científicos, donde investigadores del país narrarán su trabajo y formación.
 
 
Fuente: Cronica

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