El significado de la hiperactividad y déficit de atención

La medicación no es correctora del problema, puede facilitar las condiciones cognitivas para abordarlo
 
 
El significado de la hiperactividad y déficit de atención
 
La falta de atención e hiperactividad asociadas a diversos problemas de conducta son observadas con frecuencia en las aulas. Actualmente, se reconoce un diagnóstico clínico que abarca estas expresiones y otras, como: impulsividad, dificultad para esperar, inquietud permanente, verborrea, acumulación de tareas incompletas, frecuentes pérdidas de los útiles y objetos personales, baja tolerancia al esfuerzo mental, empleo de engaños, mentiras y un marcado egocentrismo, conducta desafiante o necesidad de llamar la atención.
 
Sin embargo, estas características se cuentan entre las conductas más globales y generalizadas que se ven en la niñez y la adolescencia, y pueden depender mucho del contexto familiar, escolar y cultural. Un niño puede mostrarse hiperactivo, de­satento o impulsivo porque esta aburrido, es muy inteligente o ­creativo; está deprimido, afectado emocionalmente, no ha madurado su atención, tiene la cultura del ­zapping, del utilitarismo, de lo ­inmediato, o es alérgico a la leche, por citar un abanico de factores condicionantes.
 
Además, conductas similares suelen tener influencia de un mundo adulto que pretende acelerar el desarrollo de los niños. Se los empuja a que crezcan con demasiada rapidez y los hace avanzar a través de etapas previas a aquellas en las que estarían listos para superarlas. Naturalmente, esto desdibuja lo que los niños necesitan aprender y cómo lograrlo. Paradójicamente, se los atiende poco en relación con tales aspiraciones, y el exceso de televisión, videojuegos, promoción de la recreación, horas vacías, dispersión y falta de contención familiar, son también factores que contribuyen notoriamente.
Por tales motivos, es importante establecer un diagnóstico certero, respaldado por estudios específicos, entre los que cuentan evaluaciones neuropsicológicas, psicológicas, observaciones conductuales en distintos contextos; hasta es­tudios de neuroimagen funcional, entre otros. Sólo con una valoración objetiva que considere factores que determinan problemas similares se podrá estimar el posible beneficio de una medicación. La medicación no es correctora del problema, puede facilitar las condiciones cognitivas para abordarlo, tanto a nivel individual, como familiar y escolar. Más allá de la labor profesional, es posible observar y aplicar pautas genéricas, tendientes a encauzar el efecto de tales problemas.
 
Para docentes: sentar al niño que presenta las características descriptas en primera fila, llamarlo por el nombre y exigirle la mirada, admitir mini recreos en clase, fragmentar sus tareas y evaluaciones, explicar qué es lo importante y lo accesorio, admitir distintas formas de trabajo y rendimiento, propiciar el autodiscurso ordenador (por ejemplo “me siento”, “miro y escucho”; “leo el título, luego la pregunta y escribo”), asignarle un rol en clase y permitirle salir de clase para moverse; destacar sus aciertos y mejoras, usar cuaderno de comunicaciones para logros progresivos, no castigar la conducta con la nota, construir una alianza de trabajo con los padre, entre otras.
 
Para padres: hablar claro y breve, pedirle cosas por escrito, ser firme y coherente, exigir el contacto visual, limitar razonablemente la TV y PC, mantener las cosas y estilo de vida lo más ordenados posible, ser constantes, evitar los mensajes contradictorios, nunca apelar al abuso de poder, aprender a manejar la distancia emocional cuando corresponda, reducir los mensaje negativos que se emplean cotidianamente y valorar cosas positivas aun pequeñas. Asígnele dos tareas en casa, haga valer los horarios, propicie la actividad física y social, mantenga contacto semanal con la escuela, consulte con un profesional ante cualquier duda y para aprender lo necesario según el caso.
 
*Profesor Adjunto a cargo de la Cátedra de Neuropsicología, UNC. Instituto Ciencias Cognitivas Aplicadas, Semas.
 
 
Fuente: La voz

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